
1.1. UN HECHO SORPRENDENTE E INQUIETANTE
En 1984 fue hallado en Allan Hills (Antártida) un meteorito al que se designó como ALH84001. En 1993 quedó establecida su procedencia marciana. La roca, que pesa 1,9 kg, cayó en nuestro planeta hace 13.000 años y se le calcula una antigüedad de 4.500 millones de años. Actualmente se conserva en el Centro Espacial Johnson (Houston, Texas). Pero lo más interesante aguardaba en su interior, donde se descubrió una sorprendente e inquietante estructura microscópica (a la derecha).
Los nuevos análisis realizados en 2000-2001 apoyaron las controvertidas conclusiones de los análisis llevados a cabo en 1996 por el Dr. Mckay y su equipo, que apuntaban a un posible origen biológico de la estructura. Los recientes estudios concluyen que la cadena de cristales de magnetita contenida en el meteorito marciano es idéntica a las formadas en nuestro planeta por la bacteria magnetotáctica MV-1. El comportamiento de las bacterias magnetotácticas confiere propiedades específicas a esas cadenas, las cuales también están presentes en la hallada en el meteorito marciano, lo que confirma definitivamente el origen biológico de la estructura encontrada en el interior del ALH84001. Parece que nos hallemos, por tanto, ante el fósil más antiguo (3.600 millones de años) descubierto hasta la fecha. ¿Pero es realmente de origen extraterrestre? Queda por eliminar la posibilidad de contaminación del meteorito por microorganismos terrestres.
1.2. ALGUNOS ANTECEDENTES
No es éste ni el único ni el primer caso de meteorito del tipo "condrito carbonoso" analizado, aunque si el de mayor impacto mediático (hasta la fecha). Ya en 1834, el químico sueco Jacob Berzelius estudió el meteorito ALAIS, en el que creyó encontrar indicios de vida extraterrestre. Más tarde, en 1961, se analizó el ORGUEIL (caído en Francia en 1864), y posteriormente el MURRAY (caído en 1950), obteniéndose similares resultados. 2008 ha visto renovar el interés científico y mediático por el meteorito IVUNA, caído en Tanzania en 1938, que será sometido a futuros análisis.
Pero el más interesante de esta saga es el meteorito MURCHISON, caído en Australia el 29 de septiembre de 1969. Aislado inmediatamente para evitar su biocontaminación, su análisis arrojó un resultado sorprendente: además de moléculas orgánicas, había en él también elementos organizados similares a las microesferas de Fox (consideradas por algunas teorías como el origen de la vida en la Tierra). El Murchison ha sido nuevamente actualidad en 2008: los resultados del análisis del mismo llevado acabo por la Dra. Zita Martins y su equipo, publicados bajo el título Extraterrestrial Nucleobases in the Murchison Meteorite en la revista científica Earth and Planetary Science Letters (15 de junio de 2008), concluyen: "These new results demonstrate that organic compounds, which are components of the genetic code in modern biochemistry, were already present in the early solar system and may have played a key role in life’s origin".
1.3. UNA PREGUNTA CON RAÍCES HISTÓRICAS: de la especulación racional a la ciencia experimental
"Pues los hombres comienzan y comenzaron siempre a filosofar movidos por la admiración; al principio, admirados ante los fenómenos sorprendentes más comunes; luego, avanzando poco a poco planteándose problemas mayores, como los cambios de la luna y los relativos al sol y a las estrellas, y la generación del universo. Pero el que se plantea un problema o se admira, reconoce su ignorancia."
(ARISTÓTELES (filósofo griego del s. IV a. C.): Metafísica I, 982b12-24).
"Anaximandro... dice que el ápeiron es la causa entera de la generación y destrucción de todo, a partir de lo cual -dice- se segregan los cielos y en general todos los mundos, que son infinitos."
(Pseudo Plutarco (sobre ANAXIMANDRO, filósofo griego del s. VI a. C.), Strom., 2, Fragmentos de los presocráticos, Diels-Kranz 12 A 10).
"Por lo cual, una vez más, fuerza es reconocer que hay en otras partes otras combinaciones de materia semejantes a este mundo que el éter ciñe con ávido abrazo. Además, cuando hay materia disponible en abundancia, espacio a discreción y no hay obstáculo ni razón que se oponga, deben, no hay duda, iniciarse procesos y formarse cosas. Pues bien, si tan grande es el caudal de átomos que no alcanzaría a contarlos la vida entera de los seres vivientes, y persiste en ellos la misma propiedad natural de juntar en cualquier sitio los elementos, del mismo modo que los agregó en nuestro mundo, necesario es reconocer que en otras partes deben existir otros orbes de tierras, con diversas razas humanas y especies salvajes."
(LUCRECIO (poeta y filósofo romano, del s. I a. C.), De Rerum Natura, Libro II. De la Naturaleza. Barcelona: Planeta, 1987, pp. 67-68).
"El descubrimiento de vida en otro planeta es posiblemente uno de los avances científicos más importantes de este siglo, no sólo de la década, y comportaría enormes implicaciones filosóficas."
(Comité del Congreso decenal de 2001 sobre astronomía y astrofísica: "Astronomy and Astrophysics in the New Millennium", organizado por el National Research Council (Consejo Nacional de Investigación), USA).
LA CUESTIÓN de la posible existencia de vida en otros lugares del Universo distintos de nuestro planeta ha interesado al ser humano desde antiguo, y está ya presente en los orígenes griegos del pensamiento occidental. Pero nuestro renovado interés por el tema de si estamos o no solos en el Universo presenta en la actualidad un carácter peculiar e inédito en la historia de nuestra especie: los avances científicos del siglo pasado en el estudio y comprensión del fenómeno de la vida en la Tierra, junto con los de las ciencias espaciales y sus desarrollos tecnológicos, brindan en el XXI a la humanidad, por primera vez en su historia, la oportunidad de resolver experimentalmente este inquietante enigma.
Desde esta perspectiva, y considerando el sentido en el que apuntan las espectaculares aportaciones de la joven ciencia astrobiológica acerca del origen, evolución y distribución de la vida en el Universo, junto con los más recientes descubrimientos en materia de exoplanetas, no creo exagerado suponer que la solución de esa incógnita pueda estar cercana, y que su resultado genere cambios radicales en nuestra forma de entender el Universo, a nosotros mismos y nuestro puesto en él, marcando así un punto de inflexión en la historia del ser humano. Estas razones, unidas al tradicional interés de la filosofía por el fenómeno de la vida en sí, justifican sobradamente, a mi juicio, la necesidad de una reflexión seria y profunda, filosófica, sobre el particular.
En definitiva: el interés de la filosofía del siglo XXI por la cuestión de la vida extraterrestre, y sus implicaciones, no es otra cosa que la obligada actualización tecno-científica de su secular interés por el fenómeno de la vida en sí.
EN ESPAÑA, la situación de liderazgo alcanzada por la investigación astrobiológica contrasta, paradójicamente, con el escaso o nulo interés mostrado por parte de las instancias académicas hacia la reflexión filosófica y humanística que dicha actividad científica suscita, ni por sus implicaciones e impactos sociales y culturales. Mi objetivo prioritario hasta este momento ha sido reivindicar el interés de la cuestión en diversos medios y entornos científicos y académicos de nuestro país (instituciones, congresos, publicaciones...). Afortunadamente, aunque poco aún, algo está comenzando a cambiar al respecto.
CON LA PÁGINA que ahora visitas pretendo, sin embargo, salir fuera de ese marco académico. En ella encontrarás, junto con las aportaciones que vengo realizando al campo de la investigación en nuestro país sobre las implicaciones filosóficas de la búsqueda científica de vida extraterrestre (filosofía de la astrobiología / Philosophy of Astrobiology), una serie de herramientas (recursos en línea, bibliografía recomendada en español o el álbum de fotografías) diseñadas para facilitarte el acceso a información, materiales y sitios de calidad con niveles de dificultad diferentes, de modo que puedas elaborar tu propio itinerario a fin de formarte un juicio serio sobre la cuestión.
El álbum de fotos que incluyo contiene colecciones de imágenes agrupadas por temas. Las imágenes de cada tema van acompañadas de textos y forman secuencias narrativas (para visionarlas pinchar sobre el nombre de la colección deseada).

Carl Sagan, el célebre y añorado astrónomo norteameriano pionero de la astrobiología, posando junto a una réplica de la sonda Viking (NASA) para la exploración sobre el terreno del planeta Marte.
La Viking I amartizó en la llanura Chryse el 20 de julio de 1976 y disponía de un laboratorio robotizado para analizar el suelo marciano en busca de vida. Las misiones Viking (I y II) fueron las primeras expresamente diseñadas para detectar "in situ" la posible existencia de vida fuera de la Tierra. Los resultados de los experimentos automatizados efectuados en el suelo marciano fueron ambiguos y contradictorios.
La misión ExoMars de la Agencia Espacial Europea (ESA), cuyo lanzamiento está programado para 2013, retomará el objetivo de la Viking en un nuevo y más sofisticado esfuerzo por despejar la incógnita. Cuenta para ello con Urey, un laboratorio robótico financiado por la NASA un millón de veces más sensible que el del Viking, el cual analizará sobre el terreno muestras del regolito marciano buscando biofirmas (biosignatures).
"La cuestión de la posible existencia de vida en otros mundos ha interesado a la humanidad desde la antigüedad, y es una constante en el pensamiento occidental desde sus orígenes griegos. Sin embargo, dado el instrumental conceptual y material disponible en el pasado su tratamiento únicamente podía ser especulativo. Sólo en la actualidad la moderna ciencia astrobiológica, con sus potentes herramientas teóricas y tecnologías de última generación, ha conseguido fundamentar científicamente la idea de que el fenómeno de la vida, y quizá también el de la inteligencia, no sean una excepción terrestre."
(Roberto ARETXAGA; Ricardo CAMPO, "Vida extraterrestre: de la especulación a su búsqueda científica". AstronomíA (Tribuna de Astronomía), (Madrid) nº 88 (octubre 2006), p. 34.
Lo expresado en el texto anterior no es una posibilidad ni un deseo, sino una situación de hecho en la que nos encontramos ya inmersos, quiérase que no. Por ello, no hallo mejor explicación de lo que pretendo con relación al problema de la búsqueda científica de vida extraterrestre y sus implicaciones filosóficas, ni más sencillamente expuesta, que la expresada en cierta ocasión por un ilustre filósofo español a propósito de otro asunto, también de importancia:
"Siempre he considerado que la misión del escritor es prever con holgada anticipación lo que va a ser problema, años más tarde, para sus lectores y proporcionarles a tiempo, es decir, antes de que el debate surja, ideas claras sobre la cuestión, de modo que entren en el fragor de la contienda con el ánimo sereno de quien, en principio, ya la tiene resuelta"
(José ORTEGA Y GASSET, Meditación de la técnica, Madrid: Revista de Occidente, 1957 (3ª), p. 5).
Presentaremos seguidamente la ciencia astrobiológica y su interés y relación con la filosofía sirviéndonos de numerosas citas de especialistas cualificados en la materia, con la intención no tanto de apelar a su autoridad (que la tienen) como de mostrar de manera clara, concisa y efectiva el sentido y la actualidad de la cuestión:
("Es concebible, también, que en otros planetas exista alguna forma de vida muy diferente de la nuestra, tanto funcional como químicamente. Si tal sucediera tendríamos ante nosotros una nueva ciencia de la biología basada en principios distintos de los hasta ahora conocidos. Al explorar otros planetas no debemos pasar por alto la caprichosa naturaleza de la evolución. Estamos seguros de que con el entorno físico adecuado y las condiciones de temperatura, atmósfera y agua apropiadas, la vida surgiría necesariamente en cualquier lugar del Universo. Una vez sucedido esto, se verificará algún tipo de desarrollo evolutivo. Sin embargo, no podemos predecir qué formas de vida surgirán bajo un conjunto de condiciones físicas completamente diferentes. Nunca hemos visto a la evolución operando bajo un conjunto de condiciones planetarias extrañas atípicas en la Tierra, por lo que sólo es posible especular acerca de las posibilidades de la naturaleza en otras partes del Universo. Los filósofos, durante cientos de años, han especulado sobre el origen, u orígenes, de la vida. Es muy posible que la vida pueda haber tenido más de un origen, tanto en ubicación como en el tiempo, de modo que únicamente será posible arrojar algo de luz sobre esta cuestión a través de la exploración espacial. Es preciso reconocer que la detección de vida en algún planeta requeriría un estudio completo de la historia evolutiva de ese planeta mediante el empleo de muchas disciplinas científicas".)
(Richard S. YOUNG, Robert B. PAINTER, and Richard D. JOHNSON (Ames Research Center, Moffett Field, California). An analysis of the extraterrestrial life detection problem. Washington: Scientific and Technical Information Division, National Aeronautics and Space Administration (NASA), 1965, Introduction, p. 2).
(Carl SAGAN, La conexión cósmica, Barcelona: Orbis, 1986, p. 8. Cfr. en edición original: The Cosmic Connection, Anchor Press, New York, 1973 (1st. ed.), preface, p. viii)
(Christopher F. CHYBA, "El origen de la vida en un contexto cósmico" en El Universo de Carl Sagan, Madrid: Cambridge University Press, 1999, p. 82)
(Carl SAGAN, The Cosmic Connection, New York: Anchor Press, 1973 (1st. ed.), p. 197)
(Frank D. DRAKE, "Inteligencia extraterrestre: la importancia de la búsqueda", en El Universo de Carl Sagan, Madrid: Cambridge University Press, 1999, p. 107)
(John POSTGATE: Las fronteras de la vida, Barcelona: Crítica (Grijalbo Mondadori), 1995, p. 8).
("La Astrobiología". Centro de Astrobiología (CAB: CSIC-INTA), Madrid: http://www.cab.inta.es/)
(Miguel ALCÍBAR CUELLO, Centro de Astrobiología (CSIC-INTA). Resumen de la intervención "Astrobiología y la comunicación integral de la ciencia y la tecnología" (II Congreso Iberoamericano de Filosofía de la Ciencia y la Técnica, La Laguna, Tenerife, España, 26-30/09/2005)
(Bruce JAKOSKY, La búsqueda de vida en otros planetas, Madrid: Cambridge University Press, 1999,p. 14)
(Manuel VÁZQUEZ ABELEDO; Eduardo MARTÍN GUERRERO DE ESCALANTE, La búsqueda de vida extraterrestre, Madrid: McGraw-Hill/Interamericana, 1999, p.1)
(Julián CHELA FLORES, "La astrobiología, un marco para la discusión de la relación hombre-universo", Principia (Universidad Centroccidental Lisandro Alvarado, Barquisimeto, Venezuela), 18 (2001)
(Ricardo AMILS. Prólogo1º al libro de A. González Fairén, Astrobiología. Madrid: Equipo Sirius, 2004, p. 13)

La VII CONFERENCIA DE TRIESTE SOBRE LA EVOLUCIÓN QUÍMICA Y EL ORIGEN DE LA VIDA ESTUVO DEDICADA A LA ASTROBIOLOGÍA: Seventh Trieste Conference on Chemical Evolution and Origin of Life: Life in the Universe: From the Miller Experiment to the Search for Life on Other Worlds. El evento reunió a 118 científicos e investigadores de 28 países, posibilitando el encuentro y el intercambio de puntos de vista entre personas de diferente formación y procedencia académica. Para muestra, un botón: en la fotografía (de derecha a izquierda): FRANK DRAKE (astrónomo, SETI Institute), JULIÁN CHELA FLORES (físico y matemático, ICTP/IDEA) y el autor de este blog, ROBERTO ARETXAGA (filósofo, Universidad de Deusto), departiendo en el Lecture Room del Centro Internacional Abdus Salam de Física Teórica (ICTP-UNESCO, Trieste, Italia), el 19/09/2003.
En este apartado encontrarás las contribuciones que voy realizando al tema que nos ocupa. Podrás obtener más información, o acceder a su contenido, pinchando sobre el texto coloreado correspondiente.
3.1. INTERVENCIONES TEMÁTICAS EN FOROS DIVERSOS
STANLEY MILLER (1930-2007) realizó en 1952 un experimento (publicado en 1953) que marcaría una nueva etapa en los estudios sobre la vida, dando origen a la química prebiótica: basándose en teorías como la de Oparin, mezcló en condiciones de laboratorio una serie de sustancias químicas exponiéndolas a la influencia de corrientes eléctricas, simulando las condiciones primitivas de la Tierra. El resultado no fue la vida, pero si la aparición en el matraz de los elementos básicos para su existencia (prebióticos). Las sustancias prebióticas son de importancia capital para la astrobiología. | |
|
Artículos en libros
Artículos en revistas
Esta III edición de la colaboración multidisciplinar "Astrobiología y Filosofía", incluye también los siguientes ensayos: "En busca de vida fuera de la Tierra: claves desde la investigación sobre el origen y la evolución de los seres vivos en nuestro planeta" (Carlos Briones LLorente, Laboratorio de Evolución Molecular del Centro de Astrobiología (CSIC-INTA, NASA/NAI)); "La posibilidad de existencia de vida extraterrestre inteligente, su búsqueda científica e interés filosófico" (Julián Chela Flores, Centro Internacional Abdus Salam de Física Teórica (ICTP-UNESCO, Tieste, Italia); "La cuestión de la vida extraterrestre a la luz de los posibles y la imposible-posibilidad" (Alfonso Pérez de Laborda, Catedrático de la Facultad de Teología "San Dámaso", de Madrid); "Ciencia astrobiológica y pensamiento cristiano" (Enrique Miret Magdalena, Ex-presidente de la Asociación de Teólogos Juan XXIII, Madrid); "La innovación tecnológica en la astrobiología como motor de cambio en la mentalidad actual" (José Antonio Rodríguez Manfredi, Laboratorio de Robótica y Exploración Planetaria del Centro de Astrobiología, Madrid (CSIC-INTA, NASA/NAI)); "Astrobiología, Cultura Popular y Comunicación Social de la Ciencia y la Tecnología" (Miguel Alcíbar Cuello, Profesor de Periodismo en la Universidad de Sevilla y ex-responsable del Área de Comunicación del Centro de Astrobiología (CSIC-INTA, NASA/NAI)); "Cuando sea grande quiero ser astrobiólogo" (Antígona Segura Peralta, Instituto de Ciencias Nucleares de la UNAM, México).
Esta II edición de la colaboración multidisciplinar "Astrobiología y Filosofía" incluye también los ensayos: "La ciencia astrobiológica. Un nuevo reto para el humanismo del siglo XXI" (Roberto Aretxaga, Universidad de Deusto, Bilbao); "La evolución del comportamiento inteligente: ¿Existe evidencia de propósito en las moléculas complejas de la química?" (Julián Chela Flores, Centro Internacional Abdus Salam de Física Teórica (ICTP, Trieste, Italia)).
Esta I edición de la colaboración multidisciplinar "Astrobiología y Filosofía" incluye también los ensayos: "Marco cultural de la astrobiología" (Julián Chela Flores, Centro Internacional Abdus Salam de Física Teórica (ICTP-UNESCO, Trieste, Italia)); "Astrofísica y Meta-Técnica" (Ernesto Mayz Vallenilla, Instituto de Ideas Avanzadas (IDEA), Venezuela).
Traducciones al español
Recensiones
Ediciones electrónicas:
* Ciencia.net - Portal Científico (2002)
* Cibernous (2002)
Ediciones electrónicas:
* Ciencia.net - Portal Científico (2002)
* Cibernous (2002)

Roberto Aretxaga (Bilbao, 1963) es Doctor en Filosofía por la Universidad de Deusto, Especialista Universitario en Ciencia, Tecnología y Sociedad (CTS) y miembro del Equipo de Investigación "Pensamiento Filosófico Español del Siglo XX" del Departamento de Filosofía de la Universidad de Deusto (Bilbao). Es miembro, también, de diversas sociedades científicas y filosóficas.
Sus actuales líneas de investigación son el pensamiento de García Bacca y las implicaciones filosóficas de la astrobiología (filosofía de la astrobiología). Dentro de esta última destaca su labor como promotor, director y coordinador de la serie de colaboraciones multidisciplinares "Astrobiología y Filosofía" en Letras de Deusto, así como de la sección del mismo nombre en el Proyecto Educativo de Filosofía en la Red CIBERNOUS. Es autor de numerosos ensayos sobre las relaciones entre filosofía y astrobiología, tema con el que ha intervenido en diversos foros nacionales e internacionales, como la Seventh Trieste Conference on Chemical Evolution and Origin of Life: Life in the Universe: From the Miller Experiment to the Search for Life on Other Worlds (por invitación), organizada por el ICTP-UNESCO, NASA, ESA, et al. (Trieste, Italia, 2003).
Su otra línea actual de investigación es el pensamiento de Juan David García Bacca, sobre el que ha realizado numerosos estudios y ensayos, destacando su tesis doctoral La filosofía de la técnica de Juan David García Bacca (1998), investigación tomada como base en 2004 por el Ministerio de Ciencia y Tecnología de la República Bolivariana de Venezuela para la conceptualización de varios de sus programas. También es reseñable su labor en el Congreso Internacional de Filosofía: Centenario del Nacimiento de J.D. García Bacca (Bilbao, 2001) como miembro del Comité Organizador, ponente y co-editor del libro de actas, así como su participación como co-autor (por invitación) en la obra conmemorativa Juan David García Bacca: "Vivir dos veces despierto" 1901/1992 (Caracas: Banco Central de Venezuela/Fundación Juan David García Bacca, 2005), galardonada con el Premio Nacional del Libro de Venezuela en su III edición (2005).
Entre 1981 y 1999 desarrolló diversas actividades en el ámbito de la antropología como miembro de ETNIKER (grupos de investigación etnográfica fundados y dirigidos por D. José Miguel de Barandiarán) y de la Sociedad de Estudios Vascos-Eusko Ikaskuntza (Sección de Antropología), contribuyendo a la elaboración del Atlas Etnográfico de Vasconia con la realización y publicación de varios trabajos de campo (algunos como investigador becado de la Excma. Diputación Foral de Bizkaia), impartiendo cursos metodológicos (Excmo. Ayuntamiento de Bilbao) y colaborando con el Museo Arqueológico, Etnográfico e Histórico Vasco de Bilbao (Euskal Museoa).

![]() |

Incluimos en este apartado únicamente aquellos de mis escritos que, estando ya publicados, no se hallan disponibles en otros sitios de la Red. Para todos los demás remitimos al tema 3: "Contribuciones del autor".
Texto 1: Astrobiology and Biocentrism
Texto 2: Vida extraterrestre: de la especulación a su búsqueda científica
Texto 3: Astrobiología y Filosofía (III): Presentación
Texto 4: Astrobiología: entre la ciencia y la exploración (próximamente)
__________________________________________________________________________
Texto 1:
ASTROBIOLOGY AND BIOCENTRISM
(Para acceder a la versión en español PINCHA AQUÍ)
Roberto Aretxaga
Philosophy Department, School of Philosophy and Educational Sciences
University of Deusto, Bilbao, Spain
"Astrobiology and Biocentrism", in SECKBACH, J.; CHELA-FLORES, J.; OWEN, T.; RAULIN, F. (Eds.), Life in the Universe. From the Miller Experiment to the Search for Life on Other Worlds. Dordretch (the Netherlands): Kluwer Academic Publishers, 2004, Serie Cellular Origin, Life in Extreme Habitats and Astrobiology (COLE), Vol. 7, p. 345-348.
1. Philosophical and Environmental Biocentrism
The term "biocentrism" is polysemic in as far as it has, at least, three different meanings. One of them is to be found in the field of Philosophy, another in the Environmental Sciences, and a third interpretation is also provided in the area of astrobiology. In the field of philosophy, the term "biocentrism" is used to describe that ethical theory which denies that human beings occupy a privileged position with respect to other living creatures, as well as humankind’s centrality as a source of universal values. Life at large is taken as the only source and holder of any value by biocentrism, which implies that humanity is displaced from its central position, and so biocentrism is anti-anthropocentric. This is the usage the term is given in the "deep ecology" and conservation movement, based on the theories developed by Aldo Leopold and Paul W. Taylor. The second use of "biocentrism" is opposed to that of "functionalism". In this sense, these two designations refer to opposing views in the study and management of the environment, which, in turn, have generated two distinct scientific disciplines: population ecology and system ecology, respectively. Bearing this difference in mind, biocentrism is best characterized as focusing on organisms and taking the "biota" as its basic component. Besides, biocentrism relies on natural selection as its explanatory paradigm and defends biodiversity.
Functionalism, on the other hand, conceives both organisms and the abiotic component as a whole (holistically), that is, not just a mere addition of the parts. It has also made of the flowing of matter and energy its main object of analysis, and of the laws of thermodynamics its explanatory paradigm. Functionalism favors ecodiversity over biodiversity, and maintains that it is the preservation of the flowing of matter and energy typical of any ecosystem that guarantees the survival of its organisms.
Before I move on to discuss the astrobiological sense of the term "biocentrism", I will consider some of the implications that the above mentioned usage of the term:
a) The philosophical conception of the term "biocentrism" brings up a relevant issue for astrobiology; since this science assumes the existence of a common ancestor and the evolutionary theory, it would seem natural to align it with the biocentristic -anti-anthropocentric- position in the debate. However, under no circumstances could astrobiology ignore the fact that human culture represents a real peculiarity among the different forms of life and adaptation on our planet. If life is found on other planets, this fact would broaden the horizon of the philosophical debate started by ethical biocentrism, a horizon that could then be opened to hitherto unheard-of ideas and views. One possible solution to the underlying philosophical dilemma may come from the distinction between "strongly anthropocentric" and "weakly anthropocentric" (Norton, 1984) proposed by Bryan G. Norton.
b) We may assume that the environmental conception of the term "biocentrism" has implications for astrobiology, too. Thus, since it takes an interest in the origin and distribution of life, and it focuses on the study of microscopic life and its exchanges with the environment, astrobiology seems to require a functional approach. But as it is also concerned with the evolution and destiny of life, and especially with multi-cellular intelligent organisms, the biocentric approach would be the most adequate.
The conflict between biocentrism and functionalism in the ecological sciences can be solved by emphasizing the complementary nature of both paradigms, and by arguing that the use of one or the other depends exclusively on the spatial and temporal parameters to be considered in each case. Thus, while the functional approach offers a better understanding in the study and management of large ecosystems with small organisms; the biocentric one, is rather more suitable for the analysis of ecosystems of a smaller size but with bigger organisms. With respect to astrobiology, its multi/inter-disciplinary character, and the diversity of its subject matter, also seem to encourage the integration of both approaches, depending on the spatial and temporal parameter that is necessary in each case.
2. Astrobiological biocentrism
The phrase "astrobiological biocentrism" (AB) or "astrobiological conception of the term biocentrism" refers to biocentrism in the sense in which Chela-Flores understands it when he defines it as "the belief that life has occurred only on Earth" (Chela-Flores, 1998), or "the doctrine which defends the singularity of the biological evolution that has taken place on Earth, from a bacteria to human beings" (Chela-Flores, 2003).
Chela-Flores’ definition of the term "biocentrism" is likely to generate a philosophically relevant question. As a "belief", biocentrism does not constitute in itself a rationally-based and articulated system of ideas, but rather an inner conviction of an individual or a community which, admittedly or not, consciously or not, justifiably or not organizes and governs their thoughts and deeds. From this point of view, the term "biocentrism" may be analyzed in the light of Husserl’s "life’s world" (Lebenswelt) and Ortega y Gasset’s "belief" (creencia). As a "doctrine", however, biocentrism is a theory -on the same footing as that built by J. Monod and others- which takes part in what T. S. Kuhn calls a "scientific paradigm". In this sense, the term "biocentrism" would belong in the category that Ortega y Gasset refers to as "idea" (idea). However, in both cases biocentrism is one of the explanatory keys in our contemporary way of knowing, understanding, evaluating and explaining the universe, life and humankind. Consequently, biocentrism also becomes one of the main pillars of our contemporary "conception of the world" (Weltanschauung, Dilthey), and it is this aspect precisely that needs to be highlighted when talking about AB, which comprises both meanings -that of "belief" and that of "idea". With all this in mind, I will now dwell upon the relation between AB and astrobiology as a science.
The issue of the existence of extraterrestrial life and of the plurality of worlds was already raised in ancient times (Dick, 1984), which means that astrobiology has its roots in an age-old human quest. In any case, as a contemporary science, astrobiology is indebted to 20th-century theories, techniques and methods that have revolutionized the way in which human beings have access to and present "the real" -physical, or living. Moreover, astrobiology is likely to engage all the other disciplines of human knowledge in its investigations (Aretxaga, 2003).
Copernicus and Galileo put an end to geocentrism. Darwin laid the foundations to leave behind anthropocentrism. In my opinion, what is really important about each of their scientific contributions in astronomy and biology is that they caused a radical change in our conception of the universe, of man and of man’s role in this world, something that became apparent in profound cultural and sociological transformations.
With regard to AB, it is still, as geocentrism and anthropocentrism were in their time, just one of the pillars of our civilization, since up to now there is no strong evidence for the existence of other life forms in different planets. But it is also well-known that the lack of any evidence of the existence of extraterrestrial life does not necessarily entail its absence. Astrobiological discoveries do not only support this hypothesis, but also begin to undermine the foundations of biocentrism as a scientific theory. As a result, such knowledge has historic relevance, since they constitute the basis to prove empirically the falsity of biocentrism. This fact allows us to nourish hopes that we are facing a future -and perhaps not a very remote one- of scientific contributions which, like Galileo’s or Darwin’s, will go down in history, not just on account of its scientific and technological significance, but above all due to its new and revolutionary consequences for all the other aspects that constitute the different human cultures and societies (for instance, philosophy, art, religion, politics and literature).
In view of what has been said above, it seems reasonable to consider biocentrism as an obstacle for human progress (Chela-Flores, 2001) because, similar to geocentrism and anthropocentrism in their heyday, at present, biocentrism would seem a hindrance to mankind’s development of a more truthful image of itself and, therefore, to a finer understanding of its real place in the world, and of the new type of responsibilities that accompany this change. Furthermore, if as a general rule a reliable knowledge contributes to raising the levels of adaptability, learning the truth about biocentrism will ensure the survival of the human race.
Taking the above arguments under consideration, the need to discover and analyze the role of biocentrism seems both inescapable and responsible, since it is one of the elements shaping the numerous and complex aspects that constitute human cultures and societies. This task leads to a better understanding of the character and depth of the changes and implications that the eventual decline of biocentrism would involve. This, in turn, makes it easier for the complementary task of investigating alternative models designed to approach future problems with more flexibility and effectiveness. In this context, and although it is not the business of humanists, but rather astrobiologists to demonstrate the falsity of biocentrism, philosophers and humanists do have to exercise and to encourage thought processes that help mankind as a whole to understand and take in the implications that the effects of an eventual success of astrobiology in its quest for life, present or past, outside planet earth.
In this particular area, some invaluable contributions have been made by the SETI Institute concerning extraterrestrial intelligence (Billingham et al, 1994; Tough, 2000). Considering everything that has been stated so far, there is little doubt of the necessity to strengthen and promote cooperation between astrobiologists and humanists.
3. Discussion and conclusion
The existence of three different conceptions of the term "biocentrism" has important implications for astrobiology. Thus, the philosophical and environmental conceptions have ethical and methodological consequences, respectively. In what concerns the conception, theories, methods and techniques of which astrobiology makes use can be said to offer us the historic opportunity of experimentally solving the question of whether we are alone or not in the universe or, the relation existing between our own evolution and that of other forms of life that may have developed somewhere else in the universe (Chela-Flores, 2001). The current state of the art suggests AB makes no reference to reality, but only represents an unjustified belief and a scientific theory based on partly out-dated knowledge. Thus, speaking of an incipient crisis of biocentrism brought about by the new astrobiological contributions does not seem hasty. Given the important role played by AB in the shaping of our culture and society, the possibility of its demise as a belief and as a theory would cause not only profound scientific changes, but also, and perhaps more importantly, cultural and social ones.
Astrobiology then, far from being a field of specialization only open to scientists, should also hold great interest for humanists since this theory may compel humankind to readjust their own perceptions as a race and to question their place in the universe, which will eventually contribute to their progress. This insight implies a responsible and efficient practice of reflection and investigation that requires, in turn, increasing cooperation between astrobiology and the humanities that should draw closer in order to make the aforesaid progress evident in all the dimensions that constitute the different human cultures and societies. To conclude, and in an attempt to avoid problems of terminology, I would recommend that the term "biogeocentrism", which has already been employed by Chela-Flores himself occasionally, be used to refer to what I have called here "astrobiological biocentrism".
4. References
Aretxaga, R. (2003) La ciencia astrobiológica. Un nuevo reto para el humanismo del siglo XXI. Humanismo para el siglo XXI. Congreso Internacional (Bilbao, marzo 2003). Proceedings (CD-Rom), University of Deusto, Bilbao.
Billingham, J., Heyns, R., Milne, D., Doyle, S., Klein, M., Heilbron, J., Ashkenazi, M., Michaud, M., Lutz, J. and Shostak, S. (eds.) (1994) Social Implications of the Detection of an Extraterrestrial Civilization, SETI Press, SETI Institute, California.
Chela-Flores, J. (1998) Search for the Ascent of Microbial Life towards Intelligence in the Outer Solar System. In: R. Colombo, G. Giorello and E. Sindoni (eds.) Origin of the life in the universe. Edizioni New Press, Como, pp. 143-157.
Chela-Flores, J. (2001) La astrobiología, un marco para la discusión de la relación hombre-universo. Principia (Universidad Centro Occidental L. Alvarado, Barquisimeto, Venezuela) 18, pp. 12-18.
Chela-Flores, J. (2003) Marco cultural de la astrobiología. Letras de Deusto (University of Deusto, Bilbao, Spain) Nº 98, Vol. XXXIII, January-March, pp. 199-215.
Norton, B. G. (1984) Environmental Ethics and Weak Anthropocentrism, Environmental Ethics, 6, pp. 131-148.
Dick, S. J. (1984) Plurality of Worlds: The Origins of the Extraterrestrial Life Debate from Democritus to Kant. Cambridge University Press.
Tough, A. (ed.) (2000) When SETI Succeeds: The Impact of High-Information Contact, Foundation for the Future, Washington, USA.
______________________________________________________________________________________________________________
Texto 2:
VIDA EXTRATERRESTRE: DE LA ESPECULACIÓN A SU BÚSQUEDA CIENTÍFICA
Roberto Aretxaga y Ricardo Campo
Publicado originalmente en AstronomíA (Tribuna de Astronomía) (Madrid), nº 88 (octubre 2006), pp. 34-40.
RESUMEN
La cuestión de la posible existencia de vida en otros mundos ha interesado a la humanidad desde la antigüedad, y es una constante en el pensamiento occidental desde sus orígenes griegos (Dick, 1984). Sin embargo, dado el instrumental conceptual y material disponible en el pasado su tratamiento únicamente podía ser especulativo. Sólo en la actualidad la moderna ciencia astrobiológica, con sus potentes herramientas teóricas y tecnologías de última generación, ha conseguido fundamentar científicamente la idea de que el fenómeno de la vida, y quizá también el de la inteligencia, no sean una excepción terrestre.
INTERÉS HISTÓRICO POR LA CUESTIÓN DE LA EXISTENCIA DE VIDA EN OTROS MUNDOS
La especulación en torno a posibles entidades vivas e inteligentes en el Cosmos cuenta con una larga tradición filosófica y científica. La idea de pluralidad de mundos habitados es tan antigua, al menos, como la civilización griega. El debate entre los atomistas como Demócrito, partidario de la existencia necesaria
de otros cosmos y sus habitantes, y Aristóteles, que la negaba, se saldó a favor del Estagirita. Epicuro fue también un firme partidario de la pluralidad de mundos, así como Lucrecio, que aseguraba en el siglo I a.C. que en otras partes del Universo debe haber planetas con diferentes razas de hombres y animales. En la Edad Media, santo Tomás de Aquino argumenta que la existencia de otros mundos no se opone a la doctrina de la iglesia católica, aunque finalmente optó por la unicidad de nuestro mundo por razones filosóficas. Pero ya entonces parte de la jerarquía católica abogaba por la posibilidad de que Dios crease nuevos mundos de la nada, facultad exigida por la idea de la omnipotencia divina.
En el Renacimiento el astrónomo alemán Johannes Kepler se adhiere a la idea pluralista y Galileo cree que la Luna está habitada; pero es el filósofo italiano Giordano Bruno el que es ajusticiado por la Inquisición por defender, entre otras tesis heréticas más escandalosas para el dogma católico, la infinitud del Universo, en el que existirían infinitos sistemas solares como el nuestro e infinitos seres racionales. En la Modernidad otros filósofos y poetas concebirán el Universo densamente poblado. Inmanuel Kant abordó en sus escritos de juventud la existencia de otros seres en Sistema Solar y el científico y visionario sueco Emmanuel Swedenborg aseguró que los habitantes de Mercurio eran más groseros e imperfectos por hallarse cerca del Sol, mientras que los de Saturno son más evolucionados y espirituales por lo contrario. Bernard de Fontenelle, popular escritor y divulgador de la ciencia del siglo XVII, escribe Conversaciones sobre la pluralidad de los mundos, y Voltaire formula una especie de principio de mediocridad al relativizar nuestra condición humana en comparación con el Universo en Micromegas, breve relato que tiene como protagonista a un ser gigante originario de un planeta que orbita alrededor de la estrella Sirio.
En el siglo XIX, aunque se pensaba que la mayor parte del Sistema Solar estaba habitado, el planeta Marte pasó a ser el centro de la especulación sobre la habitabilidad de los mundos. El astrónomo italiano Giuseppe Schiaparelli describió «canales» naturales en la superficie marciana que adquirieron carácter artificial al difundirse el descubrimiento en el ámbito anglosajón, traduciéndose canali por canals en vez de channels, que hace referencia a un canal natural en idioma inglés. El astrónomo norteamericano Percival Lowell reforzó esta idea asegurando que los canales eran obra de una supercivilización marciana. De la misma forma el también astrónomo y divulgador francés Camille Flammarion contribuyó a asentar esta errónea creencia y a extender la reflexión sobre posibles entes en otros planetas. Las mejoras técnicas en los telescopios permitieron desechar la existencia de canales artificiales en el planeta rojo. Ya en el siglo XX los intentos de contacto a través de ondas de radio con civilizaciones extraterrestres situadas más allá de nuestro Sistema Solar han proliferado sin éxito, como los proyectos Ozma, Ohio y Phoenix, este último bajo la dirección del SETI Institute. Junto con los mensajes simbólicos adosados en forma de placas a los Pioneer 10 y 11, lanzados a principio de los 70, y el enviado desde el radiotelescopio de Arecibo en 1975, son la plasmación técnica contemporánea de una pregunta nacida quizá con la capacidad de reflexionar sobre sí mismo del ser humano y que la historia occidental de las ideas sitúa a orillas del mar jónico en el siglo VI a. C. (Dick, 1984; 1996).
El último episodio, hasta este momento, en torno a esta atractiva idea pluralista se produjo en agosto de 2006. El nuevo director del Observatorio Vaticano, el jesuita José Gabriel Funes, en la línea de consenso existente entre los teólogos cristianos, se mostraba convencido de que la hipótesis de que exista vida en otros planetas, y posiblemente inteligente, no supondrá problema alguno para la teología ni para el cristianismo.
La literatura de ciencia ficción, que se desarrolló en el siglo XIX como consecuencia del avance tecnológico y de la posibilidad -por entonces lejana- de realizar viajes espaciales, sirvió de ejemplo para relatos que en el siglo XX tendrían pretensión de realidad objetiva. Como ejemplos cabe citar de nuevo a Camilla Flammarion con La pluralidad de mundos habitados y a Herbert G. Wells en su popular La Guerra de los mundos, de la que Orson Welles realizó una conocida versión radiofónica en 1938. Destaca igualmente la obra de Charles Fort, un americano que coleccionaba referencias sobre hechos extraños (denominados en ocasiones «hechos forteanos» en su honor) y que en 1919 publicó The Book of Damned (El libro de los condenados). Ya por entonces Fort pretendía convencer a la humanidad de que «visitantes de multitud de mundos habían venido a la Tierra desde hace siglos, han afectado el curso de la evolución humana e incluso han sido confundidos con dioses, demonios o fantasmas», especulación pseudocientífica que luego retomaría Erich von Däniken y algunos epígonos suyos. Los motivos de su presencia -afirmaba Fort- serían muy variados: simples turistas, deseo de comunicarse, etc.
MITOLOGÍAS POPULARES RELACIONADAS CON LA VIDA EXTRATERRESTRE
Desde el punto de vista de un número significativo de personas la pregunta por la posible existencia de otros seres en el Universo podría parecer superflua, ya que la creencia en tal realidad parece hallarse extendida en nuestra sociedad; baste como indicio de la misma dos expresiones comunes que se suelen emplear con mucha frecuencia: «no podemos estar solos en el Universo» y «cuánto espacio desaprovechado si sólo existimos nosotros». Las dos son variaciones de un mismo deseo y ambas son igualmente falaces, ya que esconden una interpretación teleológica que, por el momento, se sitúa fuera del consenso científico mayoritario. Lo que para algunos es una posibilidad para otros es una convicción, incluso una fe: la presencia de alienígenas en nuestro planeta a bordo de sofisticadas naves interplanetarias, dando forma a uno de los más poderosos mitos del siglo XX, los platillos volantes u ovnis.
La industria cultural y los medios de comunicación jugaron desde los años 50 del pasado siglo un papel determinante en la expansión de este mito. La creencia mundial en los platillos volantes quedó relegada a publicaciones aptas sólo para los kioscos y las listas de libros más vendidos, pero la cultura popular acogió rápidamente a los alienígenas, mientras los antropólogos y folcloristas disponían de un caldo de cultivo natural para observar la gestación de una religión cósmica y de un mito movilizador, por cuanto numerosos aficionados y creyentes convirtieron a los seres del Cosmos en los representantes de las altas jerarquías celestes o en manifestaciones de un poder sagrado, como en el caso de los grupos neoreligiosos de contactados y las alertas ovni.
El planeta Marte fue el primer origen propuesto de los platillos volantes. No era ninguna novedad, pues ya citamos las opiniones de los astrónomos G. Schiaparelli y P. Lowell a finales del siglo XIX en torno a los marcianos. El planeta rojo gozaba aún de inmerecida fama como posible ecosistema capaz de albergar vida. La popularización científica contribuyó a que Marte permaneciera como un lugar inquietante para los humanos. ¿Cómo podían ser los marcianos de los que incluso algunos científicos se atrevían a especular en público? La respuesta la aportó el también citado cineasta Orson Welles en 1938 al emitir la conocida versión radiofónica de la novela La guerra de los mundos. La perfecta puesta en escena de Welles provocó la aterrada respuesta de los habitantes de New Jersey. ¿Es factible una reacción similar por parte de determinados sectores de la población cuando se produzca el descubrimiento del que venimos hablando?
Es destacable la creencia en conspiraciones gubernamentales para mantener en secreto la existencia de alienígenas en nuestro planeta. Por supuesto, la sospecha de pánico o de reacciones masivas irracionales son presumibles (aunque no falta quien considera que el impacto será mucho menor del que habitualmente se presume), como hemos visto anteriormente; pero de ahí a suponer que existe un ocultamiento oficial o cover-up para prevenir estallidos de pánico o revueltas dista un trecho en el que la racionalidad y las pruebas irrefutables brillan por su ausencia. En cambio, tal «encubrimiento» es totalmente plausible para la lógica interna del mito extraterrestre, ya que aporta una solución o un escenario explicativo frente a la sospechosa ausencia de pruebas confirmatorias y públicas.
Los científicos sociales disponen de abundantes ejemplos de una de las posibles respuestas al contacto con inteligencias extraterrestres. Los movimientos neoreligiosos surgidos en torno a la creencia platillista abundan aún hoy en día. Aunque nunca han alcanzado un número de seguidores relevante, disponemos de varios ejemplos recientes en los que sus actividades se han visto reflejadas en los medios de comunicación mundiales, como el caso del suicidio colectivo de la secta coercitiva Heaven’s Gate o los presuntos intentos de clonación del movimiento Raëliano. Los movimientos religiosos que tienen a los alienígenas por unos nuevos dioses tecnificados abogan por un nuevo modo de reencantamiento del mundo, mientras que la creencia en los extraterrestres demuestra el enorme atractivo que posee para los humanos la posible existencia de seres inteligentes más allá de la Tierra.
ETAPA CIENTÍFICA DEL PROBLEMA DE LA VIDA EXTRATERRESTRE: LA ASTROBIOLOGÍA
Aunque los primeros esfuerzos por abordar científicamente la cuestión se remontan a principios de la segunda mitad del siglo pasado, no será hasta finales del mismo, con la creación en 1998 del NASA Astrobiology Institute (NAI), cuando se implementen los mecanismos necesarios para que estas investigaciones alcancen los niveles adecuados en lo concerniente a la clarificación y coordinación de objetivos, articulación metodológica y organización interna, surgiendo entonces la astrobiología como una nueva disciplina científica con capacidad real para proponer y ejecutar proyectos y misiones de investigación, tanto terrestres como espaciales, de una envergadura científica, tecnológica y económica sin precedentes.
Suele definirse la astrobiología como la ciencia que estudia el origen, evolución, distribución y futuro de la vida en el Universo. La naturaleza emergente de esta disciplina contrasta con las importantes contribuciones que ya ha realizado a nuestra mejor comprensión de la vida.
La astrobiología sienta sus bases sobre los siguientes aspectos:
- El paradigma evolucionista -en fecunda tensión entre el neodarwinismo o teoría sintética de la evolución y el evolucionismo convergente- como marco teórico explicativo.
- La línea de investigaciones sobre el origen de la vida abierta por las teorías de Oparin y el posterior experimento de Miller.
- Los descubrimientos posibilitados por las nuevas y revolucionarias ciencias y técnicas del siglo XX, que han permitido establecer la existencia en otras partes del Universo de los elementos básicos para el surgimiento, mantenimiento y evolución de la vida, al menos tal como la conocemos actualmente.
- La precocidad de la vida en aparecer y su resistencia a condiciones ambientales difíciles, como indican respectivamente los fósiles terrestres más antiguos -de unos 3.500 millones de años- y la existencia de extremófilos. Se amplía así más de lo esperado el rango de la vida.
La combinación de estas evidencias y aspectos teóricos otorga carácter científico a la idea de la existencia de vida extraterrestre, cuando menos microscópica, arrancándola del terreno puramente especulativo.
Pero un reciente descubrimiento ha proporcionado un nuevo elemento de consideración: la sorprendente presencia de organismos procariotas y eucariotas en las aguas del río Tinto (Huelva), un medio de condiciones extremas muy similares a las existentes en Marte. Este hallazgo es significativo porque hoy sabemos que la vida en la Tierra ha evolucionado hacia la eucarioticidad, y que ésta es condición necesaria para el desarrollo de células y sistemas nerviosos complejos y, por tanto, para la existencia de organismos inteligentes.
El interés astrobiológico del asunto resalta mejor sobre el fondo de la hipótesis de la universalidad de la eucariogénesis, que el Dr. Chela Flores formula así: «Una vez que los procesos que generan la vida entran en acción, los planes celulares (procarioticidad y eucarioticidad) son una consecuencia obligatoria de las leyes de la física, de la química y de la biología. Tal situación no es característica sólo de la evolución de la biota terrestre. La evolución de los planes procarióticos y eucarióticos ocurrirán en cualquier otro planeta, o satélite, que pueda ofrecer los tres ingredientes básicos de la vida. Éstos son: una reserva de material orgánico sea de origen exógeno o endógeno, agua líquida y una fuente de energía estelar o geológica.» (Chela Flores, 2003).
Si esto es así, entonces la astrobiología deberá acometer también la búsqueda de organismos eucariotas en otros mundos, ya que su descubrimiento reforzaría empíricamente la posibilidad de existencia de inteligencias extraterrestres; una posibilidad contemplada teóricamente desde hace tiempo, y que formulada como ecuación por Frank Drake constituye el fundamento de SETI, el proyecto astrobiológico complementario de radiodetección de señales inteligentes procedentes de civilizaciones del espacio exterior.
En definitiva: si bien la expresión «vida extraterrestre» carece de referente real no es por ello un sinsentido, ni lo son necesariamente los enunciados que la contengan. Existen actualmente conocimientos suficientes sobre la vida en la Tierra y las condiciones ambientales de otros mundos como para realizar extrapolaciones válidas y permitir la elaboración de hipótesis científicas, es decir, contrastables al menos en principio, sobre el particular. Como consecuencia, cobran sentido los esfuerzos científicos encaminados a su búsqueda, pues resulta factible realizar consideraciones argumentadas sobre cuestiones referentes al tipo de indicios de vida que las misiones astrobiológicas espaciales deben buscar preferentemente (biomarcadores), sobre la elección de los lugares más adecuados para ello y sobre la planificación, selección y diseño de los experimentos a realizar, del instrumental que los llevará a cabo sobre el terreno y de las naves que los portarán hasta allí.
ALGUNAS IMPLICACIONES DE UN EVENTUAL DESCUBRIMIENTO DE VIDA EXTRATERRESTRE
Dado que la idea de la existencia de vida extraterrestre es actualmente una hipótesis contrastable y su búsqueda un hecho, la posibilidad de su hallazgo deviene real y su probabilidad creciente. Parece necesario y urgente, por tanto, atender a las consecuencias de tal acontecimiento. Metodológicamente, éstas podrían clasificarse en dos grandes grupos: teóricas y prácticas. El primero incluiría todas aquellas que, de un modo u otro, afectaran a los aspectos más teóricos de una cultura: conceptos, definiciones, paradigmas y modelos cognoscitivos y explicativos de que se nutren los diferente saberes, incluidas la ética, la estética y la teología. El segundo, aquellas que afectan a los modos, modelos y formas de vida social y cultural, y en especial a los usos y costumbres en que esas se manifiestan, así como a las creencias que los fundamentan, incluidas las de carácter moral, artístico y religioso. El criterio para realizar esta distinción es la previsible circunstancia de que el impacto no tuviera iguales repercusiones ni fuese vivenciado del mismo modo entre los especialistas que entre la ciudadanía.
Consideraremos seguidamente algunos ejemplos de consecuencias en distintos campos:
- Biológico: ante la posible contingencia de un eventual hallazgo de vida extraterrestre, o de la creación de vida «alienígena» en laboratorio, el paleontólogo Peter Ward, de la Universidad de Washington, advierte sobre la necesidad de ampliar el actual árbol de la vida para admitir formas vivientes no contempladas por el actual sistema clasificatorio de seres vivos.